Eduardo Plaza

Fulanito el del Parador

Soy de Guadalupe, un pueblo pequeño de 2000 habitantes sin grandes (ni pequeñas) fábricas o industrias. Un lugar en el que cuando veiamos por la tele las protestas por el cierre de una empresa como mucho haciamos memoria por si algún paisano de los que había emigrado andaba trabajando por ahí, pero nunca habíamos visto algo así en nuestro pueblo, eran de esas cosas que no nos afectaban.

En Guadalupe solo hay dos empresas grandes: El parador y la Hospedería del Monasterio. Habían estado ahí desde siempre, o al menos desde el siempre que los más jóvenes conocemos. Es rara la familia del pueblo que no tiene a alguien en alguno de estos lugares trabajando, y son muchos los vecinos de Guadalupe que empezaron aquí en el Parador de Turismo y ahora están repartidos por toda la geografía como camareros, cocineros o recepcionistas.

Esta semana conociamos los planes de Paradores para cerrar el nuestro durante 5 meses junto con un expediente de regulación de empleo que hará que algúnos vecinos vayan directamente a la calle, sin contar con aquellos y aquellas que iban periodicamente cuando se necesitaban refuerzos para fines de semana con bodas o grupos grandes.

Esta mañana he visto una imagen de decenas de trabajadores y vecinos del pueblo protestando delante del parador, una de esas imágenes que se suelen ver por la tele o en los periódicos, pero esta vez no era en una empresa lejana, era en lo alto de la candelera, frente a la iglesia nueva, y los trabajadores que protestaban no eran desconocidos, eran vecinos y vecinas de mi pueblo, a muchos de ellos no les conozco por el apellido, sino por «fulanito el del parador», han ligado su vida a una empresa hasta tal punto que su apellido es el de la propia empresa.

La directora de paradores triplica el sueldo del presidente del gobierno, el resto de directivas cambiaban los audis oficiales por unos golf automáticos por simple capricho y a cuenta de la empresa, y la directora de recursos humanos de la empresa se dedica en su horario laboral a ir diariamente a misa. Pero a fulanito el del parador le dicen que se busque otro apellido porque no es rentable.

Esto es lo que sucede cuando la rentabilidad económica se relativiza tanto que se olvida por completo la rentabilidad social de una empresa pública. Pero mientras tanto seguiremos pensando que esto es una crisis económica, de números. La duda es durante cuanto tiempo seguiremos viendo como ajenas las imágenes de los EREs en empresas.

Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista.
Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro.
Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío.
Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.

– Martin Niemoeller – (comunmente atribuída a Brecht por error)

 

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