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Como cambian los tiempos, aún recuerdo como hace algunos años me levantaba por estas fechas a las 7:30 de la mañana y con las legañas en los ojos subia las escaleras de casa para ver los San Fermines en directo por La Primera.
Me iba a verlos a la vieja tele (sin mando) que tenía mi madre en el arco, así aprovechaba y comprobaba desde lejos como mi abuelo hacia lo mismo en su casa. A medio día comentaba con él la jugada de los toros por la calle estafeta. Creo que en el fondo lo que a mi abuelo le gustaba era que madrugase en plena época de vacaciones, la generación de la postguerra que conoció el hambre y la miseria nunca llegó a entender como teníamos vacaciones y nos levantábamos a las 12, lo que prefería ignorar era que después de ver el encierro me volvía a la cama hasta las 12. Eran tiempos en los que septiembre simplemente era el mes de la feria y no el de los exámenes.

En estos tiempos en lo que nos quejamos cada dos por tres “no termino esta mierda de carrera”, “no tengo trabajo”,”no se que hacer con mi vida”, me gusta acordarme de esa generación, hace que uno agache las orejas y deje de quejarse por no aprobar esa asignatura hueso que te está jodiendo el año y por la que sientes que no te van a dar un proyecto fin de carrera en tu puñetera vida.

Ahora los tiempos han cambiado, me puedo levantar a las 12 de la mañana, ver el encierro desde la cama con un portátil que pesa menos de 1Kg y tiene 10 veces más capacidad de proceso que el primero que me compró mi abuelo, puedo ver el encierro desde todos los ángulos posibles, repetírmelo cuantas veces quiera y buscar algún que otro amigo que anda por allí estos días. Lo peor es que a medio día ya no tengo con quien comentarlo, en caso contrario, creo que seguiría levantándome a verlo en directo.

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