Fulanito el del Parador

Estándar

Soy de Guadalupe, un pueblo pequeño de 2000 habitantes sin grandes (ni pequeñas) fábricas o industrias. Un lugar en el que cuando veiamos por la tele las protestas por el cierre de una empresa como mucho haciamos memoria por si algún paisano de los que había emigrado andaba trabajando por ahí, pero nunca habíamos visto algo así en nuestro pueblo, eran de esas cosas que no nos afectaban.

En Guadalupe solo hay dos empresas grandes: El parador y la Hospedería del Monasterio. Habían estado ahí desde siempre, o al menos desde el siempre que los más jóvenes conocemos. Es rara la familia del pueblo que no tiene a alguien en alguno de estos lugares trabajando, y son muchos los vecinos de Guadalupe que empezaron aquí en el Parador de Turismo y ahora están repartidos por toda la geografía como camareros, cocineros o recepcionistas.

Esta semana conociamos los planes de Paradores para cerrar el nuestro durante 5 meses junto con un expediente de regulación de empleo que hará que algúnos vecinos vayan directamente a la calle, sin contar con aquellos y aquellas que iban periodicamente cuando se necesitaban refuerzos para fines de semana con bodas o grupos grandes.

Esta mañana he visto una imagen de decenas de trabajadores y vecinos del pueblo protestando delante del parador, una de esas imágenes que se suelen ver por la tele o en los periódicos, pero esta vez no era en una empresa lejana, era en lo alto de la candelera, frente a la iglesia nueva, y los trabajadores que protestaban no eran desconocidos, eran vecinos y vecinas de mi pueblo, a muchos de ellos no les conozco por el apellido, sino por “fulanito el del parador”, han ligado su vida a una empresa hasta tal punto que su apellido es el de la propia empresa.

La directora de paradores triplica el sueldo del presidente del gobierno, el resto de directivas cambiaban los audis oficiales por unos golf automáticos por simple capricho y a cuenta de la empresa, y la directora de recursos humanos de la empresa se dedica en su horario laboral a ir diariamente a misa. Pero a fulanito el del parador le dicen que se busque otro apellido porque no es rentable.

Esto es lo que sucede cuando la rentabilidad económica se relativiza tanto que se olvida por completo la rentabilidad social de una empresa pública. Pero mientras tanto seguiremos pensando que esto es una crisis económica, de números. La duda es durante cuanto tiempo seguiremos viendo como ajenas las imágenes de los EREs en empresas.

Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista.
Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro.
Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío.
Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.

– Martin Niemoeller – (comunmente atribuída a Brecht por error)

 

Lo que hace falta…

Estándar

En noches como la de hoy, reflejo de los tiempos difíciles por los que atraviesa la izquierda de la vieja Europa, de nada sirve tirarse los trastos a la cabeza o sacar de paseo los sapos y culebras que uno pueda tener guardados dentro.

Hay muchas formas de decir las cosas y muchos lugares donde decirlas. En esto se diferencian los que vienen en una frustración personal constante, en un complejo de inferioridad enfermizo, de los que de verdad apuestan por cambiar las cosas que no funcionan.

Hacen falta cambios, pero el primero y más necesario es el de dejar de decir que hay que cambiar y empezar a poner en práctica esos cambios. La política de arreglar el mundo a golpe de tweet puede servir de desahogo para aquellos que no les quieren ni en su pueblo, pero ni sirve de análisis ni presenta soluciones.

Ponerse en modo radical o entrar en un concurso  “a ver quien es más de izquierdas” puede ser gratificante para aquellos que buscan la notoriedad cortoplacista, pero sigue sin aportar soluciones a los problemas, tan solo sirve para dar de cenar a sus egos. Les retrata.

O cambiamos o nos cambian:

La ciudadanía empieza a organizarse, movimientos como el 15M pueden tener sus aciertos y sus errores pero pone encima de la mesa una cuestión fundamental: el cabreo generalizado de la gente, que se traduce en algunas cuestiones concretas, algunas cargadas de razón y otras que son fruto del desconocimiento de las reglas de juego, algo que ha sido alimentado por los partidos políticos, demasiado preocupados por mantener un Statu Quo que les permitía vivir en una situación muy cómoda.

Los partidos tienen que salir a la calle, sí, pero también es momento de sentarse y ponerse a leer, a investigar, a profundizar en nuevas alternativas, en otras formas de hacer política, tanto en lo orgánico como en lo institucional.

Hace unas semanas se presentaba en Extremadura la Ley de Gobierno Abierto, este tipo de cosas, que no salen en los telediarios o en la prensa, son un comienzo que nos lleva por la buena senda. Vomitar frustración en twitter solo sirve para intoxicar el ambiente, pero no cambia nada.

El desayuno

Estándar

Con esta oleada de calor en la que andamos metidos esta noche me ha costado dormir más de la cuenta, me fui a la cama pensando que lo que no conseguían los viernes de dolores provocados por los recortes de los consejos de ministros,irme a buscar trabajo a Alemania, lo iba a conseguir este calor.

Ha sonado el despertador a las 8:30 y con más sueño que una cesta de gatinos al pie de una estufa, me he ido sonámbulo hacia la máquina del café que me ha recibido seca, sin ni una gota. Para rematar la faena, en el mueble donde suele estar el paquete de café había un hueco que me decía que allí el café ni estaba ni se le esperaba.

No me ha quedado más remedio que ir a un bar a tomar uno. Al entrar el panorama era un tanto raruro: las paredes estaban vacías, había desaparecido la tele y la estantería de detrás de la barra estaba un poco desolada… tampoco le he dado mucha importancia, es el típico bar de barrio un poco anticuado, igual le había dado por redecorarlo y quitar esos viejos carteles de toros para cambiarlos por una decoración taurina de paredes lisas y vinilos artísticos con monteras y estoques.

Pido mi café y cojo el periódico para leer los recortes del día: cierre de las consultas en los pueblos, privatización de los retenes de incendios forestales, el ave que no arranca… al rato llegan dos parroquianos, uno pide un cortado y el segundo un chupito de hiervas hierbas.

Lo del chupito me hace desconectar del periódico, sí ya se que leer determinadas cosas en la prensa harían tirarse a la bebida al más abstemio, pero son solo las 9 de la mañana. El camarero resopla y responde que no, que no le queda licor de hiervas, que se terminó hace unos días y no ha pedido más porque hoy es el último día que abre el bar. Varón, 56 años, toda la vida en ese bar  y cierra porque no le da ni para pagar el alquiler del local. No sabe que va a hacer ahora, solo sabe que no podía seguir en el bar. El señor del chupito pide uno con leche y acto seguido empiezan a poner a parir a Rajoy.

Termino el café y me vuelvo a casa pensando en que a este paso la próxima vez que me quede sin café en casa igual estoy en Alemania, sin calor, pero puede que me atienda el mismo señor de 56 años, porque tal y como está la cosa terminaremos todos protagonizando de nuevo  “vente a Alemania, Pepe”. La otra opción es darse a la bebida, pero en el bar de al lado de casa ya no hay chupitos de hierbas. ¿Alguien sabe como se dice “un café con leche” en alemán?